Abraham-defiende-su-sacrificio

Bereshit 15:1-21 | Devar Yehováh

Parashá Trienal – Génesis 15:1 – 21

Nombre de la Parashá – Devar Yehováh – Palabra de Yehováh

Lecturas Complementarias: Sofonías 3:8-20 | Romanos 4:1-9

Después de lo sucedido con los reyes, Avram tiene una visión en la cual Yehováh le ratifica su protección, declarándose a Sí mismo como un escudo. ¿Escudo para qué? Sabemos que nuestro padre Avram era nómada y estaba a merced de reyes invasores como acababa de suceder a su sobrino. Pero el Escudo del que habla Yehováh no es solamente para tiempos de guerra. Es un escudo que ha de protegerlo de las asechanzas del maligno que todo el tiempo tratará de impedir que cumpla el propósito para el cual fue llamado.

El compromiso que hemos hecho con Yehováh nuestro Padre, tiene una dimensión eterna y afecta una esfera espiritual que está fuera de nuestra percepción en su completa dimensión; por eso Yehováh declara ser nuestro escudo; para ayudarnos a “apagar los dardos de fuego del maligno” que todo el tiempo tratarán de distraernos, desviarnos, contaminarnos y si fuera posible destruirnos totalmente.

Avram sabe que el llamado que ha recibido involucra su descendencia y por eso su diálogo con Yehováh se dirige a su problema: No tengo heredero. Es evidente que la declaración de Yehováh de recompensarlo grandemente, no se refiere a la posesión de bienes materiales y poder político en su momento, como hoy en día el mundo nos enseña que son las recompensas. No. Yehováh habla de algo más trascendente y de esa manera necesitamos aprender a mirar. No estamos en este mundo para amasar fortunas y conquistar puestos de poder e influencia gobernando en este siglo. Al igual que Yeshúa estamos llamados a decir: “Mi reino no es de este mundo”.

En el verso 2 Avram llama a Dios: אד ָֹני  יהוה Adonai Yehováh, siendo esta la primera vez que se registra esta combinación de palabras; y necesitamos entender por qué esto es importante. La palabra Adonai, es traducida al español como Señor, mientras que יהוה debe ser traducida como Yehováh, en cuya caso tenemos la expresión: Señor Yehováh, entendiendo que la palabra Señor más que un título de respeto, se daba a una persona que ejerce autoridad sobre uno. Lamentablemente en nuestra lengua esta palabra se usa con cualquier persona: señor Pérez, señor Rodríguez, etc, sin que eso signifique que tales personas tengan autoridad sobre nosotros. La razón porque Abram lo usa aquí, es porque está íntimamente ligado al pacto que Yehováh está haciendo con él, de manera que su uso de aquí en adelante, señalará a situaciones que específicamente están ligadas con el cumplimiento de la promesa hecha en el pacto. De hecho en la Toráh solo se usa en esta porción y en Deuteronomio 3:24 y 9:26. Posteriormente la hallaremos en Josué 7:7 y en Jueces 6:22 y 16:28 y en adelante muchas más veces, pero siempre en relación al cumplimiento de este pacto.

Una antigua costumbre

De acuerdo con la costumbre del Antiguo Cercano Oriente, la herencia iba al sirviente principal si no existía un heredero. Pero Avram sabía que la promesa le fue dada a él y a sus descendientes, no a alguien fuera de su familia. Y así él llama a Dios a hacer realidad lo que le había prometido. La petición de Avram a Dios se basa en lo que Dios ya había prometido hacer.

La respuesta de Yehováh viene por medio de Su Palabra:

Pero, he aquí la Palabra de Yehováh a él, diciendo: No te heredará éste, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas. Genesis 15.4

Para esto se requiere fe. Creerle a Yehováh lo que dice, cosa que no hicieron A`dam y Hava en el Edén, cuyo problema no fue que “no creían en Dios” pues le conocían personalmente, sino que no creyeron a la Palabra de Yehováh. Y cada día nosotros enfrentamos el mismo desafío: ¿Creemos las promesas dadas por medio de la Palabra de Yehováh? O preferimos diseñar nuestros propios esquemas para resolver nuestros problemas de manera independiente de Él, muchas veces ignorando Su Palabra o aún transgrediéndola?

Cuando Yehováh le enseña a Avram las estrellas, le está mostrando que la bendición será enorme, y este entiende que su cumplimiento completo estará fuera del tiempo de su vida. Así Avram aprende a mirar más allá de su propia existencia y comprende que lo que haga o deje de hacer tendrá efecto en las generaciones que le sucederán.

No es diferente para nosotros. Cada decisión por pequeña que sea, tiene efectos eternos. Cada actitud, cada palabra que pronunciamos, marca un camino, un sendero por el que caminaremos; labra un futuro no solo para nosotros sino para nuestros descendientes cercanos y distantes también! ¿Te das cuenta de la trascendencia de nuestros actos de hoy?

De hecho hubo muchas generaciones entre Avram y Yeshúa, que no tuvieron papeles muy relevantes; solo algunas de ellas resaltan por haber hecho algo significativo. Pero aún aquellas otras tuvieron un rol que pudieron dificultar o facilitar el cumplimiento de los planes eternos de Yehováh. ¿Qué sabemos nosotros del rol que tendrán descendientes nuestros que no conoceremos? Por eso conviene buscar con firmeza nuestra responsabilidad mientras estamos en esta vida. Busquemos que nuestro Padre nos revele aquello para lo cual nos creó y esforcémonos por llevarlo a cabo de la mejor manera.

El ritual del pacto

Toma para mí una becerra de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un palomino. Y tomó para Él todos éstos, y los partió por la mitad, y puso cada mitad enfrente de la otra, pero no partió las aves. Y descendían los buitres sobre los cadáveres, pero Abram los ahuyentaba. Génesis 15.9-11

En respuesta a la pregunta de Avram, del verso 8, Yehováh instruye a Avram para efectuar un pacto según las costumbres del Antiguo Medio Oriente. Era común que mediante este tipo de ritual las dos partes que entraban en un pacto, se comprometieran bajo pena de muerte a cumplir lo que pactaban. En otras palabras esa era la manera de legalizar los acuerdos verbales entre dos personas.

Los animales se partían en dos y se ponía una mitad enfrente de la otra; entonces los dos pactantes caminaban por en medio, sellando su compromiso de pagar con su vida, es decir derramando su sangre como se había hecho con las víctimas, si una de las partes quebrantaba lo acordado.

Curiosamente, el pasaje no nos dice que Avram hubiera pasado por en medio de los animales; pero sabemos que Yehováh sí lo hizo. Una vez más la fe de Avram fue probada, pues pasó el día esperando alguna visitación y espantando las aves de rapiña que querían posarse sobre los cadáveres de las víctimas. Al final del día una luz pasó por en medio y selló el pacto. Yehováh, el Creador, se ligó con su siervo mediante este pacto, para darle certeza de que lo va a cumplir.

400 años de espera

Génesis 15.13 declara:

…Sabe por cierto que tu simiente será forastera en una tierra no suya (y allí será esclavizada y será oprimida) cuatrocientos años.

Como suele suceder, el pasaje en hebreo se presta para varias interpretaciones, dependiendo de la puntuación que el lector decida usar, por lo cual ha habido opiniones diversas desde antaño aún entre los sabios de Israel. Lo cierto es que el pasaje dice varias cosas que debemos tener presentes:

  1. Las descendencia de Avram será forastera
  2. Estará en tierra extraña
  3. Será oprimida
  4. Será esclavizada

La gran pregunta es: ¿Los 400 años cuándo se comienzan a contar?

Sabemos que desde que descendieron a Mitsráyim (Egipto) hasta que salieron solo hubo cuatro generaciones; y esto lo podemos verificar cuando leemos las genealogías que aparecen en la Toráh. Esto hace improbable que la totalidad de los 400 años hubieran transcurrido mientras estaban en Egipto. Lo que la gran mayoría considera, es que los años se comienzan a contar desde el momento en que Yehováh hace la promesa a Avram, lo cual cumple las condiciones mencionadas arriba: Ser forasteros, aún en Canaán, pues allí no tenían posesiones; estar en tierra extraña, ser oprimidos y esclavizados son cosas que sucedieron durante parte de su estadía en Mitsrayim. Digo parte, porque sabemos que al comienzo, quizás por dos generaciones, los hebreos gozaron del respeto que les había heredado Yosef como salvador y administrador de ese país.

Las últimas generaciones vieron nacer a Moshé, si bien luego de este hecho transcurrieron todavía 80 años hasta su liberación, lo que nos permite deducir que solo dos generaciones, las dos últimas, fueron las que sufrieron los rigores de la esclavitud.

Exodo 12:40 habla de 430 años, añadiendo otro detalle al problema. Pero esto lo han resuelto los intérpretes judíos considerando que si la cuenta comienza desde el momento en que Avram recibió la promesa, en vez de cuando descendieron a Mitsráyim, entonces la discrepancia disminuye.

Lo cierto, y es lo que importa, es que Yehováh habiéndose atado mediante un pacto de sangre con Avram y su descendencia, cumplió Su Palabra y tú y yo somos la evidencia de ello. Por esto, honremos a nuestro Padre y vivamos de la manera que Él espera que lo hagamos guardando el Pacto construido a lo largo de las generaciones y coronado con el advenimiento de Yeshúa. A diferencia de Avram quien tuvo que confiar en una promesa, nosotros tan solo miramos a la historia, a hechos consumados, pero que aún así requieren de fe para ser creídos y aceptados.

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