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Devarim 9:1-29 | Atáh oved

Parashá Trienal

Devarim 9:1-29

Nombre de la Parashá: Atáh ovéd – Vas a atravesar

Lecturas Complementarias: Jeremías 3:1-2 | Efesios 2:1-22; 3:1-6

¡Oye, Yisrael! Hoy pasas el Jordán para entrar a desposeer naciones más numerosas y fuertes que tú, ciudades grandes y amuralladas hasta los cielos,” Deuteronomio 9:1

Una vez más estamos ante un testimonio, que suele pasar desapercibido, respecto del real tamaño del pueblo de Yisrael. Para más detalles sobre esta discusión, vea el tema: Los que salieron de Egipto, ¿cuántos fueron realmente?

En este primer verso de esta parashá, Moshé le enfatiza al pueblo su condición real ante los otros pueblos que va a enfrentar: ellos son más numerosos y fuertes que tú. Sabemos que se enfrentarían a siete pueblos o grupos diferentes: 

Cuando Yehováh tu Dios te haya introducido en la tierra donde vas a entrar para poseerla, y haya expulsado de delante de ti a numerosas naciones: al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más fuertes que tú,” Deuteronomio 7:1

lo que nos debe conducir a pensar que si Yisrael hubiera sido una multitud de dos o tres millones deambulando por el desierto, como algunos sugieren, esas otras “naciones” serían más grandes y numerosas… ¿Cómo entonces habitaban en esa tierra? Solo traigo a discusión las cifras. De hecho aunque las proporciones sean otras, de ninguna manera se niegan el poder y la gloria de Yehováh cumpliendo su promesa y entregando la tierra a su pueblo.

Yehováh hace mucho más de lo que pensamos

Pero hoy sabrás que Yehováh tu Dios es el que pasa delante de ti: Fuego consumidor, Él los destruirá, y Él los someterá delante de ti para que tú los puedas desposeer y exterminar en breve, tal como Yehováh te habló. Deuteronomio 9:3

Usualmente nos apoyamos en nuestras propias capacidades, habilidades y talentos, o bien en nuestros apellidos, contactos personales, apariencia física etc., para llevar a cabo tareas o proyectos, ignorando que quien realmente va delante de nosotros allanando los caminos es nuestro Padre, acorde a sus propósitos eternos.

El verso nos muestra que la “parte difícil” la hace Yehováh; pero como hemos observado múltiples veces, Él siempre trabaja en asocio con nosotros y es a su pueblo a quien le corresponde hacer otra parte: desposeer y exterminar, en este caso. Por supuesto que estas acciones no son nada agradables y hoy las consideraríamos como un atropello étnico o social; pero no perdamos de vista que Yehováh, como Creador y Juez Supremo, tiene la facultad de administrar justicia; y la historia nos enseña que lo hace de diferentes maneras, ya sea por medio catástrofes naturales o bien por mano de otras naciones.

No te creas… no presumas

Cuando Yehováh tu Dios los eche de tu presencia, no pienses en tu corazón, diciendo: Por mi justicia me introdujo Yehováh para poseer esta tierra; porque debido a la perversidad de estas naciones es que Yehováh las expulsa de delante de ti. No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón que entras a poseer la tierra de ellos, sino por la perversidad de estas naciones es que Yehováh tu Dios las expulsa de delante de ti, a fin de confirmar la palabra que Yehováh juró a tus padres: a Avraham, a Yitsjak y a Yakov. Entiende pues que no por tu justicia Yehováh tu Dios te da esta buena tierra para heredarla, pues eres un pueblo de dura cerviz. Deuteronomio 9:4–6

Cuando el apóstol Shaúl escribió en Romanos 12:3:

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno,

seguramente tenía los pasajes de la Toráh en mente. Porque nada hace tanto daño, primeramente a nuestro ego y a quienes rodean, que creernos superiores a los demás.

Es claro pues, que la acción que va a ejecutar Yehováh, está motivada porque Él empeñó su palabra a nuestros patriarcas. Había un pacto de por medio que obligaba a Yehováh a actuar, a pesar de que los herederos de tal pacto no lo merecían. Dos veces  en este capítulo, Moshé le dice al pueblo: “sois de dura cerviz” (vs. 6, 13), lo que significa que es un pueblo terco, caprichoso y rebelde; luego no es precisamente por tales “atributos” que nuestro Padre cumple sus promesas. Es porque Él es fiel a su pacto.

El recuento del becerro de oro

Moshé trae a memoria el evento del Monte Sinay y el orden de los eventos:

  1. Moshé sube al Monte Sinay y permanece en un ayuno total 40 días con sus  noches sin comer pan ni beber agua.
  2. Al final de su ayuno, Yehováh le entrega las tablas escritas con el dedo de Dios
  3. Tales Palabras (Devarim) habían sido pronunciadas por Dios mimos desde el Monte en medio del fuego anteriormente, a oídos de todo el pueblo.
  4. El pueblo se desenfrena en torno al becerro de oro y Yehováh le dice a Moshé que descienda.
  5. Moshé desciende, comprueba por sí mismo el hecho y destruye las Tablas ante los ojos del pueblo.
  6. Moshé destruye el ídolo y lo tira al arroyo.
  7. Moshé asciende de nuevo al Monte por otros 40 días con sus noches para interceder por el pueblo y por Aharón.

Dos detalles relevantes:

  1. Tengamos en mente que según el relato de Éxodo 32, el verso 9:21 de nuestro capítulo, debería ir después del verso 17.
  2. Moshé intercede por Aharón, cosa que no se menciona en Éxodo 32.

La base de la oración de Moshé, y nuestra base

Y oré a Yehováh, diciendo: ¡Oh Adonay Yehováh!, no destruyas a tu pueblo y tu heredad que has rescatado con tu grandeza, y a quienes sacaste de Mitsrayim con mano fuerte. Acuérdate de tus siervos, de Avraham, Yitsjak y Yakov. No mires la dureza de este pueblo, ni su perversidad, ni su pecado. No sea que los de la tierra de donde nos sacaste digan: Por cuanto no pudo Yehováh introducirlos en la tierra que les había prometido, o porque los aborrecía, los sacó para hacerlos morir en el desierto. Pues ellos son tu pueblo y tu heredad, que Tú sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido. Deuteronomio 9:26–29

La base sobre la que Moshé hace su oración, es el pacto con nuestros patriarcas; y esto es una figura de cómo nosotros debemos acercarnos a nuestro Padre sobre la base de quien ha hecho posible la renovación del pacto: Yeshúa. Nuestros padres en el desierto, no tenían méritos propios para ser escuchados o protegidos por Yehováh; de igual manera, nosotros tampoco los tenemos, porque hemos sido igualmente de dura cerviz; pero cuando Moshé se apoya en que Yehováh tiene un pacto con los padres, nosotros nos apoyamos en que tenemos un pacto con Yeshúa; y eso es lo que nos faculta para poder estar en la presencia de Yehováh y presentarle nuestras necesidades.

Oración:

Yehováh que estás en los cielos, hoy  nos presentamos ante Ti, no apoyándonos en nuestra propia prudencia ni en nuestros actos, porque en verdad erramos mucho cada día. Pero nos atrevemos a venir ante Ti, porque nos apoyamos en el Mashíaj, que hizo lo que nosotros no podíamos hacer. Acuérdate de Yeshúa, a quien resucitaste como prueba de haber cumplido tus demandas, y le declaraste Mashíaj y Señor de todos nosotros; por sus méritos, sabemos que tenemos acceso a Tu presencia. Gracias por tu provisión, por tu protección en estos tiempos que se avecinan, por tu dirección para lo que necesitamos hacer y por la guía de tu Ruaj para discernir los tiempos. Seas alabado por siempre. Amein.

 

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