¡Hagamos que nuestros años cuenten!

Sí. Eso es lo que vemos en la porción de la Toráh para esta semana en la vida de Ya’akov o Israel, donde se nos narra la culminación de la vida de nuestro patriarca.

La vida de Ya’akov, como tal vez la de muchos de nosotros, estuvo llena de altibajos, dificultades, dramas, angustias, decepciones, así como de enormes bendiciones, experiencias sobrenaturales y muchos aprendizajes de la mano de Yehováh nuestro Dios.

La Torah nos dice que los años de su vida fueron ciento cuarenta y siete años; para algunos muchos y para otros pocos, depende como se mire, veamos:

  1. Muchos años: Si solo vemos una vida plana y cómoda, o como se dice comúnmente: «sin pena ni gloria» ;un hombre viviendo solo para si mismo, que solo esperaba contar sus años hasta llegar a su vejez para por fin gozar de su «jubilación».
  2. Pocos años: Si fueron vividos con mucha intensidad, sazonados con sal, con propósito, siendo instrumento de nuestro Dios todopoderoso para muchas generaciones.

Sin duda Ya’akov vivió con intensidad hasta el último día, al punto que ha quedado registro de que impartió instrucciones, bendiciones y mandamientos a su familia; es decir que, todos los años de sus peregrinaciones contaron y no fueron en vano.
Entonces resulta necesario hacernos la siguiente pregunta:

¿Como queremos vivir nuestros días aquí, o los años que nos quedan? ¿Sentados como espectadores? o siendo protagonistas de la obra de Yehováh para este tiempo.

Que Yehováh nuestro Dios nos permita entender que la vida es corta, para así vivirla con sabiduría.

¡Shalom!

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