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La Fiesta de la Dedicación

Llegó entonces la Dedicación [Jánuca] en Yerushaláyim. Era invierno, y Yeshúa se paseaba en el Templo, por el pórtico de Salomón. Juan 10:22-23

​SI BIEN por la tradición apreciamos ésta época debido a las reuniones familiares y a los recuerdos de nuestra niñez, es conveniente revisar si estamos haciendo lo correcto de acuerdo a lo establecido por Yehováh nuestro Padre, porque una buena intención no es suficiente, si es que estamos actuando erróneamente.

Origen del Festival

Corría el año 164 AdC, y reinaba Antíoco Epífanes, sucesor de Alejandro Magno, quien había heredado la porción del Imperio Griego, conocida como Seleúcida y que incluía a Israel. Este Antíoco con delirios de divinidad, se proclamó a sí mismo dios y entró en el templo en Yerushaláyim para colocar una imagen de Zeus y sacrificar un cerdo en el altar, profanando así el lugar de adoración al Santo de Israel.

​El movimiento de los Macabeos, una familia sacerdotal, enfrentó los ejércitos griegos en varias ocasiones y sin duda alguna, los venció gracia a la intervención de Yehováh. Después de muchas batallas y una vez recuperado el Templo, los sacerdotes procedieron a su purificación efectuando los rituales prescritos por la Toráh.

​En obediencia a la Toráh, debería encenderse la Menoráh (candelabro de siete brazos) que se hallaba en el lugar Santo y que Antíoco había ordenado apagar. Pero surgió un problema: Solo había aceite disponible para un día. ¿Cómo obedecerían el mandamiento de mantenerla encendida perpetuamente, si la preparación del aceite tardaría siete días según las instrucciones prescritas por la Toráh? El historiador Josefo narra en sus escritos, que entonces sucedió un milagro: “el recipiente del que vertían el aceite a la lámpara, no se vació durante el tiempo requerido para prepararlo.”

​A partir de entonces se celebra la Fiesta de la Dedicación (del Templo), que es mencionada por Yohanán (Juan) en su evangelio. Vale la pena aclarar, que ésta no es una de las Fiestas ordenadas por Yehováh, por cuanto se originó pocos años antes de la venida de Yeshúa, mientras que las otras fueron ordenadas desde el tiempo del Éxodo (Levítico 23).

Lo que hizo Yeshúa

De acuerdo a Yojanán (Juan) 10:22-23, Yeshúa se hallaba, por esos días en la santa ciudad. Y fue precisamente durante este Festival, que se reveló como “la luz del mundo” y realizó la controversial sanidad de un ciego de nacimiento, trayendo luz física y espiritual a su vida. Jánuca tiene una gran conexión con lo que hizo y enseñó Yeshúa durante la víspera y celebración de ésta fiesta; y aunque no estamos obligados a observarla, entenderla nos puede motivar a hacerlo para enriquecer nuestras vidas.

​El capítulo ocho del Evangelio según Yojanán, narra que la declaración de Yeshúa generó incomodidad en los fariseos y una gran discusión en la que terminaron acusándolo de tener demonio. Entonces se relata el encuentro con el ciego de nacimiento, a quien sanó en Shabbat, lo que aumentó la tensión. Ahora, si observamos atentamente, estos hechos están íntimamente relacionados con la Fiesta que se estaba celebrando en esos días.

​¿Notas la conexión? Yeshúa afirma ser la Luz del mundo mientras la gente se prepara para la Fiesta de las Luces! Cosas similares ocurrieron durante las otras celebraciones. Yeshúa no estaba improvisando sino dando cumplimiento a un plan perfecto elaborado por Yehováh, nuestro Padre, Quien había entregado Sus Fiestas, a Su pueblo para que estuviera preparado y reconociera a su Mashíaj (Mesías). Mas como el pueblo se enredó añadiendo y quitando a la Palabra y contaminándola con tradiciones desarrolladas por ellos mismos, fueron incapaces de identificarlo, tal y como es evidente en Juan 10:22-42.

​El significado de Jánuca para nosotros

​Aunque Salomón había hecho una gran dedicación del Templo cuando lo construyó, fue necesario dedicarlo nuevamente por los Macabeos, no sin antes someterlo a un meticuloso proceso de limpieza y purificación.

​Algo parecido sucede con nuestras vidas, pues requieren de los mismos procesos: limpieza, purificación y dedicación. Y aunque es muy posible que ya hayamos hecho la dedicación de nuestra vida en el pasado, es necesario rededicarnos de nuevo, de tiempo en tiempo.

​Somos templo de su Ruaj (Espíritu). Y es seguro que en el caminar diario muchas veces nos hemos contaminado. Esto sucede cuando desarrollamos dependencias de cosas como la comida, las bebidas, los placeres, las aficiones, las personas; sucede cuando nuestra vida gira en torno a alguna actividad que nos absorbe: compras, trabajo, deporte etc.; sucede cuando permitimos que nuestra mente reciba cosas nocivas como películas de terror o violencia; ó cuando consumimos comida que las Escrituras catalogan como inmunda; ó cuando escuchamos música cuyo contenido no edifica, etc.; entonces hemos hecho cosas similares al sacrificio del cerdo en el Templo.

​La limpieza la obtenemos al confesar a Yehováh nuestros pecados y la purificación al apropiarnos del perdón que nos otorga la sangre de nuestro Mesías; mas la dedicación, es una decisión costosa que involucra la renuncia a todo aquello que nos contamina; es una decisión que debemos hacer reiteradamente hasta vencer los hábitos que hemos desarrollado a lo largo de una vida ignorante de los parámetros divinos. Muy pocos están dispuestos a pagar el precio, por lo cual el proceso se queda a medias. Nuestro Padre Yehováh espera que lo completemos y retomemos el Camino de la obediencia a Él como nos lo demanda.

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