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Bemidbar (Números) 20:14 – 22:1 | Mikadesh

Nombre de la Parashá: Mikadésh | Desde Kadesh
Lecturas complementarias: Abdías 1:1-21 | Juan 3:1-21

Envió Moshé embajadores al rey de Edom desde Cades, diciendo: Así dice tu hermano Israel: Tú has conocido todo el sufrimiento que nos ha sobrevenido, cómo nuestros padres bajaron a Mitsrayim (Egipto), cómo estuvimos en Mitsrayim largo tiempo, y cómo los egipcios nos maltrataron a nosotros y a nuestros padres. Pero cuando clamamos a Yehováh, oyó nuestra voz y envió su Ángel y nos sacó de Mitsrayim. Ahora, mira, estamos en Cades, ciudad que se encuentra en el extremo de tu territorio. Te rogamos que nos dejes pasar por tu tierra. No pasaremos por labrados ni viñedos, ni beberemos agua de ningún pozo. Iremos por el camino real, sin apartarnos ni a derecha ni a izquierda, hasta que hayamos pasado tu territorio. Números 20:14–17

Pasados los 40 años en el desierto y con aquella generación rebelde ya extinta, Moshé dirige al pueblo hacia su destino final. Había muchas opciones para entrar en la tierra, mas él eligió cruzar a través de Edom, las tierras que eran de los descendientes de Esaú, hermano de Ya’akov. Ante la petición formal y respetuosa, los habitantes de aquella región decidieron no darles paso y pacíficamente Yisrael se apartó de allí. Ahora tendría que rodear la tierra y probar por otro lado.

Durante el trayecto, llegaron al monte Hor, donde el primer día del quinto mes, Aharón fue reunido con su pueblo; es decir, murió:

Y por el dicho de Yehováh, el sacerdote Aharón subió al monte Hor, y allí murió, a los cuarenta años de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Mitsrayim, en el mes quinto, el día primero del mes. Números 33:38

Así, de los hijos de Amram, para ese momento solo queda Moshé por unos días más; el pueblo hace luto por Aharon durante treinta días, como muestra de su respeto. En la tradición judía del presente, una persona que esté haciendo luto no se corta el cabello, ni asiste a una boda o evento festivo alguno; tampoco va a lugares de entretenimiento ni emprende viaje de ninguna clase. Algunas de estas cosas también eran practicadas en nuestras familias hasta hace poco tiempo.

Inicio de la conquista

Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oyó que Israel iba por el camino de Atarim, combatió contra Israel, y tomó cautivos de entre ellos. Números 21:1

Pareciera que ante el éxito de Edom de oponerse a Yisrael, Arad, rey cananeo quiso hacer lo mismo y envalentonado salió a pelear con Yisrael y tomó algunos cautivos. Pero acudieron a Yehováh, quien les autorizó para exterminar a esa gente. Comienza así un breve entrenamiento de esta nueva generación a manos de Moshé; tal parece que durante esas primeras batallas era muy importante que la figura y liderazgo de Moshé estuviera presente; al fin y al cabo él había sido un guerrero experimentado y además recibía dirección de Yehováh de una manera singular. De esta manera, el pueblo ganó confianza y luego de someter a Arad continuaron su ruta debiendo enfrentar otra prueba: escasés de agua nuevamente. ¿Habían aprendido la lección?

Evidentemente no. Tener que rodear la tierra de Edom regresándose camino del mar Rojo, pudo parecerles pérdida de tiempo, así que se impacientaron y de nuevo murmuraron.

Esta vez el juicio de Yehováh fue por medio de serpientes que invadieron el campamento causando la muerte a muchos de ellos. A nosotros que estamos cómodamente viviendo en nuestras casas, nos resulta fácil criticar su desobediencia, pero no diferimos mucho de su condición. Todo el tiempo olvidamos las misericordias de Yehováh, nos enredamos en el pecado y ante la menor dificultad nos rendimos, desconfiando de la bondad de nuestro Padre.

Cada circunstancia difícil que Yehováh permite en nuestras vidas, es como “un curso” o “una materia” que debemos tomar y completar para formar alguna parte de nuestro carácter. Perdemos ese curso cuando reaccionamos de manera inapropiada ante tales eventos. Si al darnos cuenta de nuestra falla nos arrepentimos, somos puestos de nuevo en ese “curso” y nos enfrentaremos a circunstancias un poco diferentes, pero que tienen el propósito de formar esa misma área de nuestro carácter; por eso muchas veces no podemos avanzar y nos quedamos atascados; entonces nos parece que nuestro Padre no nos escucha o nos ha abandonado; pero no; hemos de mantenernos fieles hasta haber superado la prueba con éxito. Nuestro Padre no puede llevarnos más adelante dejando vacíos de carácter que estorban a sus propósitos eternos. Y este es el drama: la gran mayoría de quienes se dicen ser seguidores de Yeshúa, llevan años repitiendo el mismo curso y se quedan como advierte el escritor de la carta a los Hebreos:

Acerca de esto tenemos mucho que decir y difícil de explicar, porque os habéis hecho tardos para oír, porque debiendo ser ya maestros, en razón del tiempo, tenéis necesidad de que alguien os enseñe otra vez los primeros rudimentos de los oráculos de Yehováh, y habéis venido a ser como los que necesitan leche, y no alimento sólido. Porque todo el que usa de leche, es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es de los perfectos, de los que por la práctica, tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Hebreos 5:11-14

Exactamente eso, es lo que leemos que sucedió a nuestros padres en el desierto camino a la tierra prometida. Vez tras vez, fueron puestos a prueba y vez tras vez se rebelaron, murmuraron, se quejaron, amenazaron y lamentaron haber dejado su vida de esclavitud en Mitsrayim; es decir hacían “pataleta” como cuando un niño malcriado no recibe lo que caprichosamente desea.

Yehováh disciplina; permite el dolor y la herida, pero provee el bálsamo. En este caso, dirigió a Moshé a realizar algo aparentemente ilógico y sin sentido: Levantar una serpiente de bronce y con solo mirar a ella, la gente era sanada.

El Libro de las Batallas de Yehováh

El libro en mención en este pasaje, parece haber existido y registrado en detalle batallas épicas en las que el pueblo venció de manera sobrenatural a sus enemigos. En la Toráh tenemos solo unos breves resúmenes de todas las batallas libradas tanto por Moshé como por Yahoshúa (Josué); pareciera que Moshé no quiso ampliar los detalles porque pensó que el pueblo tendría acceso a la narración completa registrada en el libro de Las Batallas de Yehováh. Pasajes del capítulo 21 de Números, como: 14-15 Las fronteras de Moab; 17-18 El Cántico del Pozo y 27-30 la Derrota de Heshbón parecen ser extractos de tal libro.

El Cántico del Pozo

Si bien la lectura simple de nuestro pasaje, sugiere que el pueblo halló una nueva fuente de agua, existe el Midrash Rabbah explicando que el poema se refiere a la misma roca que siguió al pueblo de Yisrael durante los cuarenta años. Así, cuando los líderes del pueblo solo hablaban a la roca, esta les daba su agua. Recordemos que el libro de 1 Corintios hace mención de esto:

…y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo.1 Corintios 10:4

Sin embargo, si esto fue así realmente, uno se pregunta: ¿entonces por qué el pueblo se quejó tantas veces por la falta de agua? ¿No era simplemente asunto de pedirle a la roca y asunto resuelto? Pensemos en eso…

Batallas diversas

Sheón había derrotado al anterior rey moabita y había tomado posesión de su tierra hasta Arnón. Logró someter a Balak y a los moabitas y hacerlos sus vasallos. Números 21:27-30 hace un recuento de estos hechos. Sheón pues, fue derrotado y Yisrael tomó su tierra.

Posteriormente, enfrentaron a Og y sus ejércitos, quienes corrieron la misma suerte que Sheón. Yisrael tomó también su tierra. De esta manera se inició la conquista que luego de la partida de Moshé, estaría en manos de Yahoshúa (Josué).

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