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Un vistazo, nunca es suficiente

Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan flecos (tzitzit) en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones, y que en cada fleco de los bordes pongan un cordón de azul. Tales flecos os servirán para que, cuando los veáis, os acordéis de todos los mandamientos de Yehováh y los cumpláis, y no sigáis el impulso de vuestro corazón ni de vuestros ojos, tras el cual os prostituís, a fin de que recordéis y cumpláis todos mis mandamientos, y estéis consagrados a vuestro Dios. 
Números 15:38-40

Pregunta:

¿Por qué el hecho de ver los tzitzit nos hace recordar y cumplir el resto de los mandamientos?

Respuesta:

La tradición judía explica que la clave de todo es el hilo color tejelet (turquesa) que está presente en los tzitzit. ¿Cómo funciona esto? El color turquesa de los tzitzit se asemeja al color del mar, y a su vez, el color del mar se asemeja al color del cielo. Por su parte, el color del cielo se asemeja al color de un zafiro, y el zafiro nos recuerda el Kisé HaKavod (el Trono de Gloria de Dios), ya que está escrito:

“y vieron al Dios de Israel: Bajo sus pies había como una hechura de piedra de zafiro, semejante en pureza a los mismos cielos.” (Éxodo 24:10).

Por último, al recordar el Kisé HaKavod recordamos que estamos en pacto con el Creador y por tanto recordamos los mandamientos y nuestra responsabilidad de cumplirlos.

Esta extensa sucesión de analogías que se nos presenta aquí, desde el color turquesa de los tzitzit hasta el Kisé HaKavod, nos demuestra el proceso de indagación que una persona, que desea acercarse a Yehováh, debe realizar cada vez que observa algo o cumple un mandamiento. La idea es que uno no debe quedarse con la primera visión superficial de las cosas, sino que debe penetrar hasta llegar a un entendimiento más profundo.

A partir de esta explicación, también podemos entender cuál fue el pecado de los espías que entraron a la tierra de Yisrael al comienzo de la Parashá (ver Números 13:1).

Con la ordenanza acerca de los tzitzit Yehováh nos ordenó que los “miremos” para que recordemos todos los mandamientos; asimismo, cuando Moshé envió a los espías, les dijo que “miraran” la tierra (ver Números 13:18).

Esto significaba que ellos debían indagar y ver más allá de la superficie en su ronda de exploración. Sin embargo, los espías no fueron capaces de hacerlo y simplemente se quedaron con la primera impresión: “Es una tierra devora a sus moradores“, y eso les impidió ver más allá.

El fracaso de los espías se debió a que no indagaron más allá, sino que se quedaron con la visión superficial de las cosas, y por esta razón llegaron equivocadamente a la conclusión de que había demasiados obstáculos para conquistar la tierra y finalmente hablaron lashón hará (murmuración) de ella.

La conexión entre el pecado de los espías y el mandamiento de los tzitzit queda en evidencia cuando analizamos la traducción literal de nuestro versículo “no sigáis el impulso de vuestro corazón ni de vuestros ojos”, es decir, no exploren solo con sus corazones y sus ojos” (Números 15:39). Las apariencias engañan y nuestras emociones o sentimientos no son dignos de confiar. Es necesario involucrar siempre un proceso intelectual de análisis, que solo se logra cuando hacemos preguntas para llegar al fondo del asunto que nos ocupa. En otras palabras, la ordenanza nos advierte:

No repitan el pecado de los espías dejándose llevar por sus ojos y sus corazones, llegando así a conclusiones apresuradas, mas bien indaguen hasta obtener un entendimiento más profundo de las cosas.

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