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Levítico 16:1 – 18:30 | Ajarei Mot

PARASHÁ ANUAL – LEVÍTICO 16:1 – 18:30

Nombre de la Parashá: Ajarei Mot – Tras la muerte

Lecturas Complementarias: Amós 9:7-15 | Mateo 15:10-20 

Este capítulo de la Toráh inicia con las instrucciones para el sumo sacerdote – Cohen HaGadol respecto a la sacrificio anual del Yom Kippur ó Día de la Expiación.  Era el único día del año en que podría entrar al lugar Santísimo trayendo la sangre y una ofrenda de incienso llamada Ketoret.

La parashá de ésta semana enfatiza que la sangre hace expiación para el alma:

Porque la vida de la carne está en la sangre, y Yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas, porque es la sangre, en razón de la vida, la que hace expiación.  Levítico 17:11

 En el presente todo lo que tiene que ver con derramamiento de sangre nos puede parecer “pasado de moda” al igual que el concepto de “pecado“. El enemigo se ha propuesto ridiculizar estos términos. Pero nada sigue teniendo tanta actualidad como el pecado. Y es precisamente una actitud suavizada al respecto lo que tiene adormecida a la iglesia. Argumentos como:

    • La ley de Yehováh fue clavada en la cruz

    • Ya no vivimos bajo la Ley

    • Jesús abolió la Ley

    • Vivimos bajo la gracia y no bajo la Ley

    • Dios siempre nos perdonará todo pecado

    • Ya tenemos la vida eterna aunque vivamos en pecado…  etc.,

…han hecho y siguen haciendo mucho daño a los que dicen ser seguidores de Yeshúa, pero que no entienden que son responsables de ser obedientes a sus Mandamientos que vienen a ser los mismos de Yehováh.

Yom Kippur, celebración que se realiza en el otoño, el día décimo del séptimo mes del Calendario de Yehováh, nos recuerda que el problema del pecado sigue vigente. De hecho es en ese día que Yehováh pronunciará el juicio contra aquellos que vivieron sin Toráh y dará así mismo las recompensas a quienes vivieron en obediencia a ella.

ACLARACION: Somos salvos por la fe en Yeshúa, porque aceptamos que Él tomó nuestro lugar en la cruz.  Cuando nos volvemos a Yehováh hallamos perdón y recibimos la vida eterna (la vida espiritual ó vida de YHVH) como un regalo. Entonces somos injertados en Yisrael (Romanos 11:11-22), y venimos a ser parte del pacto que Yehováh tiene con ese pueblo, pero somos responsables de cuidar la salvación que hemos recibido. Y si es que en realidad hemos sido salvados, nuestras vidas deben ser gobernadas por la Toráh o los Mandamientos e instrucciones de Yehováh como una evidencia de ese hecho. La obediencia a la Toráh es la credencial de los verdaderos seguidores de Yeshúa (1 Juan 2:3-6).  Y consecuentemente la gracia es el poder que Yehováh nos proporciona para vivir en obediencia.

¿Existe una conexión entre Pesaj (Pascua) y Yom Kippur (Día de la Expiación)?

Las dos celebraciones apuntan al Mesías Yeshúa:

  1. El Cordero que se sacrificaba en la Pascua, era un anuncio del Cordero de Yehováh que entregó Su vida durante Pesaj (Pascua) para librarnos del justo juicio divino por haber sido infieles a Yehováh quebrantando la Toráh y para liberarnos del poder del pecado. Esta provisión se aplica individualmente a quienes nos acogemos por fe a ella. En otras palabras, Pesaj es un sacrifico para salvación personal; cada ser humano ha de tomar una decisión aceptando o rechazando lo que Yeshúa hizo en su lugar.
  2. En Yom Kippur tenemos un sacrificio para salvación nacional: El Cohen Gadol, debería tomar dos cabras: sacrificar una y liberar a la otra luego de imponerle sus manos y confesar sobre ella los pecados de los hijos de Yisrael, enviándola luego al desierto a “azazel”. (Ver nota anexa): El macho cabrío llevaría sobre sí todas las iniquidades de ellos hacia una tierra solitaria; por eso se lo dejará ir al desierto. Levítico 16:22

Un Milagro que dejó de suceder

La tradición judía afirma que todos los años, el Cohen Gadol ataba una tela roja carmesí a los cuernos del macho cabrío que se liberaba y otra tela del mismo color al cabro que se habría de sacrificar. Cuando la cabra que era despeñada y moría en el desierto, la tela roja que se había atado a la cabra del sacrificio, se tornaba blanca, siendo este milagro la confirmación de que Yehováh había aceptado todo lo realizado por el Cohen en favor suyo y del pueblo, declarando así que los pecados de la nación habían sido perdonados. A esto se refiere claramente el profeta Isaías:

…aunque vuestros pecados sean como el rojo carmesí, como la nieve serán emblanquecidos Isaías 1:18

Según los archivos del Templo, esto sucedía cada vez que se celebraba el día de la Expiación o Yom Kippur; sin embargo, este milagro no volvió a ocurrir desde el año 28, en el cual Yeshúa murió durante Pesaj, a pesar de que los sacrificios para Yom Kippur se continuaron ofreciendo sin interrupción hasta el año 68 cuando el Templo fue finalmente destruido. Vale la pena aclarar que el procedimiento descrito en la Torá para la cabra que iba al desierto, difiere del que se narra en los archivos del Templo.

Suponiendo que esto sucedía así, cabe la pregunta:

¡Un detalle digno de la mayor atención!

Los sacrificios ordinarios estaban limitados a la expiación de los pecados involuntarios ó sin intención y para aquellos cometidos por ignorancia o descuido. No había sacrificio substitutivo para los pecados voluntarios o deliberados, que eran castigados con la muerte del culpable. Pero Isaías 53 nos enseña que Yeshúa cargó con TODAS nuestras rebeliones e iniquidades.

En hebreo la palabra traducida iniquidades significa: separación voluntaria de la Toráh!  En otras palabras, Yeshúa cargó también con aquellos pecados voluntarios o deliberados cuyo castigo era la muerte del pecador. Yeshúa  remueve TODO pecado. Curiosamente este pasaje de Isaías ha sido removido de la lectura anual en las sinagogas por cuanto es una clara referencia a la obra de Yeshúa cosa inaceptable para los rabinos actuales, quienes afirman que todo el pasaje se refiere a Israel que ha sufrido a lo largo de los siglos “cargando los pecados de las naciones” ???

Así es que por la fe en Yeshúa nuestros pecados son transferidos a Él. Entonces, tras haber derramado su sangre sobre la silla de la misericordia (el propiciatorio, la parte superior del Arca del Pacto) pudo entrar en el santuario de los cielos, haciendo innecesaria la sangre de machos cabríos o de toros o de vacunos en favor de los hombres.  Hebreos 9:11-12:

Pero habiendo venido el Mesías, CohenHaGadol de los bienes llegados, por medio de un mayor y perfecto Tabernáculo, no hecho de manos, es a saber, no de esta creación; ni por medio de la sangre de machos cabríos, sino por medio de su propia sangre, entró una vez por todas en el lugar santísimo, habiendo asegurado eterna redención.

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