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Números 32:1-42 | Miknéh rav

Nombre de la Parashá: Miknéh rav – Mucho ganado – Números 32:1 -42

Lecturas Complementarias: Josué 22:7-9 | Hebreos 10:26-31

Los hijos de Rubén y los hijos de Gad poseían numerosos y muy importantes rebaños, y vieron que la tierra de Jazer y la tierra de Galaad era un lugar apropiado para el ganado. Números 32:1

Recordemos que las recientes victorias sobre los amorreos y los madianitas, habían provisto mucho ganado para todos los hijos de Yisrael. Ahora bien, los líderes de estas dos tribus y posteriormente de media tribu de Manasés, se vieron atraídos por la calidad de la tierra, apropiada para tener ganados. ¿Habrán sido parte de los mismos territorios que cientos de años atrás, Lot codició apartándose de su tío Abraham? 

Y alzó Lot sus ojos y vio toda la llanura del Jordán, la cual toda ella era de regadío, como el huerto de Yehováh, como la tierra de Egipto en dirección a Zoar, antes que Yehováh destruyera a Sodoma y Gomorra. Y Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán. Partió luego Lot hacia el oriente, y se separaron el uno del otro. Génesis 13:10–11

Lo cierto es que los representantes de estas tribus, expusieron su deseo a Moshé, a Eleazar el Cohen Gadol y los príncipes de las demás tribus, diciendo:

Atarot, Dibón, Jazer, Nimra, Hesbón, Eleale, Sebam, Nebo y Beón, la tierra que Yehováh azotó en presencia de la asamblea de Yisrael, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado. Por tanto, dijeron, si hemos hallado gracia ante tus ojos, que se dé esta tierra a tus siervos en propiedad. No nos hagas pasar el Jordán. Números 32:2–5

Llama la atención que Moshé, que el hombre más manso que había sobre la tierra, reaccionara inmediatamente sin siquiera haber escuchado la propuesta completa que querían hacer los líderes de estas tribus, y que tampoco hubiera inquirido para saber qué pensaban respecto de sus hermanos que tendrían que cruzar el Jordán. En lugar de eso, les dio un discurso reprensivo y amenazador, comparándolos con “sus padres” que habían causado los pasados 40 años de disciplina en el desierto:

Y he aquí, vosotros surgís en lugar de vuestros padres, ralea de hombres pecadores, para acrecentar más ardor a la ira de Yehováh contra Yisrael. Si os volvéis de en pos de Él, otra vez os volverá a dejar en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo. Números 32:14–15

Entonces tanto los rubenitas como los gaditas hablaron explicando cuáles eran sus motivos y cuál su compromiso con el resto de las tribus. A este punto ellos no estaban viniendo a comunicar una decisión; tan solo estaban proponiendo algo: Que les fuera dada heredad a ese lado del Jordán; es decir aun Moshé tenía la opción de decirles: No.

Era evidente, por los argumentos de los líderes, que ellos no estaban improvisado su propuesta y que habían considerado responder a preguntas que nunca les hizo Moshé; así que luego del regaño, se explicaron con claridad mostrando su decisión de apoyar al resto de sus hermanos en la conquista y toma de posesión de sus respectivas heredades.

Moshé aceptó; pero es notable que él haya decidido semejante asunto, sin haber tomado tiempo para buscar el consejo de Yehováh. ¿No debería haberlo hecho?  Esta situación es semejante a la que años más tarde, vivió Josué con los gabaonitas haciendo pacto con ellos sin haber consultado a Yehováh, cosa que trajo dolores de cabeza a la descendencia de Yisrael.

Así fue que Moshé concedió a los Rubenitas a los gaditas y a media tribu de Manashe, su heredad al este del río Jordán, el cual constituía una barrera natural que fácilmente podría desvincularlos del resto de las tribus; ellos estarían más expuestos a los invasores y correrían el riesgo de mezclarse perdiendo su identidad, lo que efectivamente sucedió, pues no vemos en los relatos posteriores que este grupo haya tenido una relevancia significativa en los destinos de Yisrael.

Lecciones que podemos aprender

Aprendamos algunas cosas de esta situación:

  • Antes de hacer un juicio, indaguemos para conocer los motivos y las circunstancias completas que hayan generado o que vayan a generar los hechos.
  • Consultemos a Yehováh antes de tomar una decisión, sobre todo cuando ha de tener efecto en las generaciones posteriores.
  • No asumamos que al obrar motivados por la conveniencia personal inmediata, estamos haciendo lo mejor. Podemos estar actuando bien (moralmente), pero errando a largo plazo.
  • Pensemos en nuestra descendencia; porque las decisiones que hagamos en el presente, tendrán efecto en nuestros hijos, nietos y demás.
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