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Números 1:1 – 4:20 | B’midbar

Números 1:1 – 4:20

Nombre de la Parashá: B’midbar – En el desierto

Lecturas Complementarias: Oseas 2:1 – 2:22 | Mateo 4:1-17

Con esta porción se inicia la lectura del cuarto libro de la Toráh, cuyo nombre significa: “en el desierto”; sin embargo en nuestras Biblias es llamado Números, porque inicia con el censo que Yehováh ordenó realizar a Moshé.

Antes de adentrarnos en el contenido del libro, reflexionemos por unos momentos en lo que significa vivir en el desierto. Probablemente muchos de nosotros ni siquiera hayamos estado en un desierto físico, donde lo único que se ve es arena bajo un sol abrazador, sin oportunidad de hallar lugares frescos y con una enorme limitación para conseguir agua. A esto se suma la soledad y los bruscos cambios de temperatura pasando de extremos altos durante el día a extremos muy bajos durante la noche.

Ese fue el lugar que Yehováh escogió para revelarse y todavía es el lugar en el que suele darse a conocer. Yehováh no está en medio de los lujos y el confort que ofrece el mundo y mucho menos en los templos y sedes de la religión cristiana moderna.

TODO absolutamente todo lo que se halla en la Toráh, tiene una razón de ser. Si bien este libro puede parecer tedioso a simple vista, la verdad es que está lleno de detalles que nos revelan aspectos secretos del corazón de nuestro Padre.

Consideremos por ejemplo, el mandamiento para realizar el censo. No fue una simple orden de contar a la gente. Observa que la instrucción dice:

Levantad censo de toda la asamblea de los hijos de Yisrael, por sus casas paternas, contando los nombres de todos los varones, cabeza por cabeza.  Números 1:2

¿Qué significa “contando los nombres”?… piensa un poco…

Evidentemente Yehováh no deseaba que los individuos fueran simplemente un número, sino que mantuvieran su “identidad” por eso lo que se contaba eran “los nombres”. Nuestro Padre nunca nos despersonaliza, Él nos conoce por nombre propio y nos distingue como seres únicos de su Creación.

En los últimos tiempos, la Bestia marcará a los hombres con su símbolo y en su incapacidad de ser omnisciente como solo Yehováh lo es, pretenderá controlar a todos los seres humanos mediante el uso de su marca, haciéndose pasar por Dios y muchos serán engañados. Para la Bestia lo que cuenta es  el número de sus seguidores a quienes arrastrará a perdición eterna con ella.

¿Por qué toda esta enseñanza fue dada en el desierto?

¿Por qué no podía Yehováh, siendo poderoso para hacer brotar ríos en los sequedales, haber formado un oasis y tener a su pueblo cómodamente instalado allí mientras transcurría el tiempo de la instrucción, organización, entrenamiento militar y demás, para entonces proceder a ingresar a la Tierra Prometida? Porque evidentemente Yehováh no es sobreprotector y siempre buscará hacernos crecer mediante el descubrimiento y desarrollo de lo que Él ha puesto en cada uno de nosotros!

Siendo así, tratemos de entender que el desierto tiene varios propósitos:

    • Nos enfrenta con nuestras limitaciones y revela nuestra realidad. Por lo cual nos enseña a depender de nuestro Creador y Padre.

    • Al tener que ser dependientes, aprendemos a ser humildes. Para recibir instrucciones (Toráh) no podemos ser arrogantes. Por eso quienes rechazan la Toráh (las Instrucciones de Yehováh), están condenados a “vagar por el desierto” aunque se consideren “guiados por el espíritu”.

    • Nos enseña obediencia. Rápidamente nos daremos cuenta de que cada instrucción tiene un propósito y que no seguirlas traerá consecuencias funestas.

    • Nos enseña a ser interdependientes teniendo cuidado de quienes nos rodean porque a su vez ellos nos protegen a nosotros. No se puede sobrevivir como “llanero solitario”.

    • Nos permite ser testigos de las poderosas manifestaciones del poder de Yehováh, proveyendo todo lo que es necesario para la jornada.

Retornemos a la porción de hoy. El número de aquellos contados que tenían más de 20 años fue de 603.550 quienes conformarían el ejército de Yisrael responsable de hacer su parte en la conquista de la Tierra Prometida. Este número excluye a los levitas, quienes eran responsables de cargar, armar y desarmar el Tabernáculo de reunión con todos sus accesorios y muebles. Números 1:49-53. 

El capítulo dos proporciona claras instrucciones respecto a la manera en que el pueblo debería organizarse tanto para acampar, como para ponerse en movimiento, cada vez que Yehováh así lo demandara. Esto nos revela claramente que tenemos un Elohim de orden; donde Él se halla no puede haber ni confusión, ni alteración, ni perturbación, ni disturbio, ni excesos, ni abusos.

CAPITULO 3

El capítulo tres está dedicado a las funciones específicas que cada familia de la tribu de Leví debería llevar a cabo. Consideremos que armar y desarmar el Tabernáculo no era tarea que se podía improvisar y ejecutar de cualquier forma; de manera que cada individuo tenía algo que hacer en su momento y de esa manera la marcha a través del desierto sería menos complicada.

EL CENSO DE LOS LEVITAS

Leví tuvo tres hijos: Gersón, Coat y Merari. En Números 17 veremos cómo Yehováh escogió al bisnieto de Leví: Aarón y sus descendientes, para ser la familia sacerdotal. En resumen, había cuatro divisiones entre los Levitas:

    1. Los Gersonitas, descendientes del hijo mayor de Leví. Este clan era responsable por las cubiertas del Tabernáculo, las cortinas y las cuerdas necesarias para mantenerlo en pie. Estaban ubicados en el lado Oeste del Tabernáculo.

    2. Los Coatitas, descendientes del hijo intermedio de Levi. Este clan era responsable de cargar los objetos sagrados del Tabernáculo. Su lugar era al Sur del Tabernáculo.

    3. Los Meratitas, descendientes del hijo menor de Levi. Este clan se encargaría de la cortina exterior del Tabernáculo, con sus basas, cuerdas y demás. Estaban al lado Norte del Tabernáculo.

    4. Los Koanim, descendientes del bisnieto de Levi: Aaron. Era la familia sacerdotal, encargada de ofrecer los sacrificios y demás rituales en nombre de Yisrael. Solo a ellos les era permitido ejercer funciones sacerdotales. Vivían en el lado Este del Tabernáculo.

Todos ellos prestaban su servicio entre los treinta y los cincuenta años y a diferencia del censo de las demás tribus que solo incluía los varones mayores de 20 años para ser enlistados en el ejército, la Tribu de Leví fue contada incluyendo todos los varones desde un mes arriba. Con todo, resultó ser la tribu más pequeña de todas: 22.300 hombres, por lo cual, a las demás tribus les fue necesario “pagar” una diferencia porque el total de sus primogénitos era mayor que éste número de Levitas, detalle que estudiamos en una parashá anterior.

 

Una Aplicación Práctica

TODOS SOMOS IMORTANTES

Como seres humanos, tendemos a pensar que hay cargos más importantes que otros. Por ejemplo podríamos pensar que tener a cargo los utensilios del lugar santísimo, era más importante que cargar las basas de la cerca que rodeaba el Tabernáculo. Pero Yehováh no piensa así. Todo trabajo es importante y no hay nadie mejor que otro. Eso lo enfatizó Yeshúa cuando escuchó que sus discípulos discutían sobre cuál de ellos sería el mayor en el reino:

…el que quiera ser primero entre vosotros, hágase siervo de los demás…
Mateo 20:27

Cada uno de nosotros ha sido enviado por nuestro Padre para realizar una tarea en tanto que estamos en esta vida. Todas son tareas igualmente importantes. Dentro del pueblo de Yehováh, no hay lugar para las jerarquías de poder ni para enseñorearse los unos de los otros. Lo que vemos hoy en las iglesias con todos sus niveles administrativos y de liderazgo, no es lo que nuestro Padre planeó. En la administración de las cosas del Tabernáculo todos eran igualmente importantes. La Autoridad Suprema estaba entre ellos y aún Moshé se consideraba a sí mismo un siervo de Yehováh con una tarea para realizar.

Cuando reconocemos a Yehováh como la Autoridad Suprema que está en control absoluto de las circunstancias, no necesitamos enseñorearnos de los demás y tampoco debemos permitir que alguien lo haga con nosotros.

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