Camino al Sinay

Devarim 4:10-49 | Yom

Devarim (Deuteronomio) 4:10-49

Nombre de la Parashá: Yom – El Día

Lecturas complementarias: Isaías 40:1-31 | Lucas 3:1-20 

Nuestros ancestros estuvieron de pie frente al Monte Sinay y escucharon la voz de Yehováh proclamando los Diez Mandamientos que posteriormente escribió con su propio dedo en tablas de piedra. El propósito de tales mandamientos era aprender a “temer” a Yehováh y enseñarlas a los hijos.

Pero esta palabra temor está más relacionada con respeto que con miedo. Si bien quien se enfrente a Yehováh, ciertamente debería tener terror de hacerlo, puesto que es Él quien tiene el poder de arrojar al que lo merezca a una situación de tinieblas apartado de Él. Eso sí es terrorífico.

Conforme Moshé les está diciendo estas palabras, es seguro que quienes a ese momento tenían entre 40 y 60 años, debían tener aun profundas impresiones en sus mentes y emociones de lo que presenciaron aquel lejano día:

os acercasteis y permanecisteis al pie del monte, mientras el monte ardía en fuego hasta el centro de los cielos, en medio de oscuridad, nubes y densas tinieblas. Y Yehováh os habló de en medio del fuego: vosotros oíais sonido de palabras, pero no percibíais figura alguna, sino una voz. Deuteronomio 4:11–12

Posteriormente. Yehováh les dio por medio de Moshé estatutos y decretos para ponerlos en acción una vez llegaran a la Tierra, cosa que debería haber sucedido unas dos semanas después.

Somos proclives a la idolatría

Nadie vio a Yehováh; así no se harían imagen de Él para adorarla y desviarse del camino. Mas en la naturaleza humana reposa esa necesidad de darle forma a los pensamientos; y nuestros padres terminaron adorando al palo, a la piedra y a los astros celestes. ¿Pero solo ellos lo hicieron? ¿Qué de nosotros en el presente? ¿Te has detenido a evaluar si tienes imágenes de hombre o de mujer, que admiras al punto de querer imitarlos en sus maneras, en sus vestir, en sus palabras, etc?

Las redes sociales son un caldo de cultivo para desarrollar idolatría hacia otros seres humanos; incluso el lenguaje que se utiliza y los iconos o emoticones que se utilizan para expresar aprobación o admiración, pueden ayudar a construir ídolos en nuestras vidas: 🥰  👍  😎  💗  …, aparte de que también fomentan la búsqueda ansiosa de aprobación y reconocimiento de otros. Aclaro: no estoy condenando el uso de estos símbolos; pero sí te invito, a cuidarte de tí mismo(a) para examinar lo que te motiva a utilizarlos.

Las imágenes pueden llegar a corromper el corazón. Mira con atención los versos 17-19. Aún los astros que se hallan en los cielos pueden llegar a seducirnos; ¿entiendes bien esta palabra? Cuando hay seducción, somos motivados a satisfacer nuestros gustos o deleites. Recuerda a Eva en el Edén. La seducción envuelve engaño, placer y resultados dolorosos.

El verso 19 da que pensar:

No sea que, alzando tus ojos a los cielos y viendo el sol, y la luna y las estrellas, todo el cortejo de los cielos, te dejes seducir y te postres ante ellos, y les rindas culto, siendo que Yehováh tu Dios los ha dado como porción suya a todos los pueblos debajo de todos los cielos. Deuteronomio 4:19

Yehováh ha dado los cuerpos celestiales a todas las criaturas como una revelación y un testimonio de la divinidad suya:

…las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, entendiéndose por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Porque habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se entregaron a vanas especulaciones, y su necio corazón fue entenebrecido. Romanos 1:20–21

La humanidad ha tenido y tiene aun, la tendencia a adorar los astros celestiales. De hecho hay algo en el sol, la luna y las estrellas que inspira a los seres humanos a pensar en las cosas divinas cuando les admira, solo que en lugar de buscar a Su Hacedor se quedan en el ser creado, lo idolatran y su necio corazón es entenebrecido. Una persona es necia cuando ante una evidencia contundente, insiste en su posición.

En ese sentido Yehováh no ha dejado sin testimonio a las demás naciones. Si bien ellas no han recibido la Toráh, que solo le fue dada en principio a Yisrael, ellas han recibido el testimonio de la grandeza de la Creación que debería impulsarles a buscar a su Autor. Ver Salmo 19:1-4

Entonces resultaría absurdamente necio que Yisrael que ha recibido además de ese testimonio natural, la Toráh, termine imitando a los demás pueblos convirtiendo en ídolos a los astros celestes.

Así, Moshé tristemente anuncia al pueblo que en el futuro tales cosas sucederán, por lo cual llama como testigos a los cielos y a la tierra de que se les anunció el juicio que vendrá sobre ellos. Entonces serán expulsados de la tierra, lo cual en efecto sucedió, para servir a los ídolos; entonces en medio de la angustia que tal comportamiento produce, clamaríamos a Yehováh y Él nos escucharía porque le buscaríamos con todo el corazón y Yehováh que es Fiel, recordará su pacto que juró a nuestros padres y no nos destruirá.

La terrible advertencia de los versos 23-28, tristemente se cumplió. Nosotros somos testigos de lo que ha sucedido a nuestro pueblo, por habernos apartado de él y de sus mandamientos. Pero los versos 29-30, describen el inicio de un retorno en los últimos días, que termina con una poderosa promesa en el verso 31, lo cual se ha estado cumpliendo en cada uno de nosotros. ¡Sea Yehováh reconocido por su fidelidad! 

Nunca hubo un Dios como Yehováh

Los versos 33-34 nos enfatizan las múltiples maneras que Yehováh ha utilizado para darse a conocer a su pueblo Yisrael y para establecer una relación de confianza con él. Y no es para menos; Yehováh nos sacó de la esclavitud en Mitsrayim (Egipto) y nos atrajo a Sí mismo para darnos la Toráh, forjando así la identidad de la nación de Yisrael. Se nos reveló como salvador, como redentor, y como una persona que cumple sus promesas. ¿Qué otra nación ha tenido un Dios así?

Los versos 36-40 son una reiteración del cuidado que Yehováh ha tenido de Yisrael; del trato singular que le ha dado, sacándolo de la esclavitud y revelándose a Él con obras poderosas que ponen en evidencia su grandeza, lo cual es la base para demandar una vez más al pueblo: Reconoce, reflexiona y guarda los estatutos y mandamientos, para que te vaya bien. Es obvio que antes estas demandas, Yehováh no recibe beneficio alguno, por lo cual la gratitud debiera ser el detonante de nuestra obediencia.

Nuestra parashá, concluye con la asignación de las tres ciudades de refugio al otro lado del río Jordán y con un resumen de los hechos recientes conquistando a los reyes amorreos y tomando sus tierras.

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