Jetro

Shemot 4:18 – 6:1 | Yitro

  Parashá Trienal – Shemot (Éxodo) 4:18 – 6:1

Nombre de la Parashá: Yitro – Jetro

Lecturas Complementarias: Isaías 55:12 – 56:7 | Hechos 7:35-37

La partida de Moshé

La porción inicia con la decisión que Moshé le comunica a su suegro Yitro de marcharse de vuelta a Mitsrayim (Egipto); sin embargo no le dice la verdadera razón de su viaje. ¿Por qué? Pongámonos en su situación: tiene 80 años, y ¡está pensando en irse a liberar a su pueblo del poder del imperio más poderoso de la época! Ningún argumento hubiera convencido a Yitro de que esa era una sabia decisión. ¿Y si le decía que Yehováh se le apareció y lo comisionó… le creería? Probablemente Yitro hubiera pensado que estaba alucinando. 

Así que Moshé da una sencilla razón: “iré a ver si aún viven”. Acto seguido, tomó a su mujer y sus dos hijos y los montó en un asno. Esta descripción da a entender que sus hijos eran pequeños todavía, pero no necesariamente tenía que ser así. Moshé ya llevaba 40 años en esa tierra y muy seguramente se había casado con Séfora desde mucho antes; por lo cual sus hijos probablemente eran más que simplemente niños.

Los versos 21 al 23 nos declaran lo que Yehováh había dicho a Moshé respecto de su misión:

  • Considera los prodigios que he puesto en tu mano y hazlos ante Faraón.
  • Dile: Deja ir a Yisrael, mi primogénito, para que me sirva.
  • Anúnciale que daré muerte a su primogénito.

Yehováh declara por primera vez que Yisrael es su hijo primogénito, y esto nos recuerda el pasaje de Oseas 11:1:

Cuando Yisrael era un niño, Yo lo amé, y de Mitsrayim (Egipto) llamé a mi hijo.

Así que cuando Yehováh sacó a Yisrael de la esclavitud, nos estaba mostrando una sombra de nosotros, que somos llamados a salir de Mitsrayim, es decir del mundo, cuando tenemos un encuentro con nuestro Mesías.

Es notable que en la forma de pensar de los apóstoles y de la iglesia posterior, el Mesías es un representante de Yisrael en un sentido completo. Incluso en el presente, entendemos que él tomó nuestro lugar y que nuestra identidad con Yeshúa es tal que nos integra al pueblo de Yisrael. De manera que cuando las Escrituras (el Tanaj) hacen mención de Yisrael como el primogénito de Yehováh, también lo que se dice es aplicable al Mesías y a nosotros.

¿Qué sucedió en la posada camino a Mitsrayim?

Moshé iba con la misión de exigir al Faraón que liberara a Yisrael. Sin embargo, él no había cumplido con el pacto circuncidando a sus hijos. Quizás no lo había considerado trascendente, aunque él mismo debía estar circuncidado; recordemos que luego de su nacimiento, había permanecido oculto por tres meses y es lo más seguro que siendo levita, su padre lo haya circuncidado a los ochos días conforme al pacto con Avraham.

Así que estando en la posada sucede un evento confuso. ¿A quién iba a dar muerte Yehováh?, ¿a Moshé?, ¿a su hijo? Siendo que Moshé había recibido una misión, resultaría contradictorio que él fuera la víctima; pero si su hijo no había sido circuncidado, entonces tan solo se estaba cumpliendo el pacto que Yehováh había hecho con Avraham cuando le dijo que todo aquél que no se circuncidara, ¡sería cortado de su pueblo! Y siendo en Moshé iba en una misión que comprometía su obediencia específicamente respecto de la identidad nacional, no era correcto que su hijo estuviera en tal condición.

Lo cierto es que Séfora toma un cuchillo y precipitadamente corta el prepucio de su hijo; lo arroja a “sus pies” (¿de quién?) y declara: ¡Realmente me eres un esposo de sangre! Hay quienes ven una conexión entre este acto y lo que sucedería después con la sangre del cordero pascual; veamos:

Séfora, tomando un pedernal afilado, cortó el prepucio de su hijo, y tocando (naga en hebreo) los pies de él, dijo: ¡Realmente me eres esposo de sangre!
Exodo 4.25

Tomaréis un manojo de hisopo y lo empaparéis en la sangre que habrá en el lebrillo, y untaréis (naga en hebreo) el dintel y las dos jambas con la sangre que está en el lebrillo. Exodo 12.2

Algunos estudiosos hebreos, piensan que la expresión: “esposo de sangre” puede ser una referencia a un tipo de pacto matrimonial que pudo haberse usado en esa época; lo cierto es que mediante la circuncisión del muchacho, él entró a formar parte del pacto de Avraham, como se registra posteriormente cuando se menciona que los hijos de Moshé eran activos dentro de la tribu de Levy.

De manera similar, se cree que hubo una advertencia de Yehováh a Moshé en el verso 23: mataré a tu hijo, tu primogénito, mensaje que no era solo para el Faraón, sino también para Moshé a causa de su descuido en cuanto a la circuncisión de su hijo.

A partir de este momento, Séfora desaparece de la escena, lo que lleva a inferir que ella y sus hijos se fueron de vuelta a casa de su padre. Después de todo la misión de Moshé demandaría toda su atención y no era apropiado que su familia estuviera con él en Mitsrayim, ya que podrían ser blanco de persecusión por parte del Faraón. Después de la salida de Mitsrayim, Yitro viene a visitar a Moshé y trae consigo a Séfora y a sus hijos.

Llama la atención la ausencia de protagonismo de Séfora; pues siendo la esposa de Moshé, uno esperaría que jugara un rol más relevante an algunos momentos, críticos de toda la historia camino a la Tierra Prometida, por lo cual la situación da mucho que pensar.

El Primer encuentro de Moshé con faraón

Moshé llega a Mitsrayim y da las buenas noticias a su pueblo. Eran la evidencia de que Yehováh había escuchado el clamor de ellos y de que había llegado la hora de liberarlos, cosa que debió resultar novedosa para estas generaciones, que habían nacido escuchando historias de un Dios que parecía muy lejano e indiferente a sus sufrimientos.

La respuesta de Faraón a la petición de Moshé, complica y amarga más la vida los Yisraelitas y pone de manifiesto su arrogancia y dureza de corazón. Estos, confundidos ante la situación se quejan con Moshé, quien a su vez acude a Yehováh para obtener dirección.

Una Aplicación práctica para nosotros

Es evidente que Moshé, aunque sabía a manera de resumen cuál era plan de Yehováh, no conocía los detalles; y tuvo que ir descubriéndolos en la medida que pasaba el tiempo y las cosas se complicaban cada vez más.

Lo cierto es que ante la situación, Moshé no se desesperó sino que acudió a Yehováh como lo muestran los versos 22 y 23 de capítulo 5, y así obtuvo dirección. Es lo que nos corresponde hacer cada vez que nos hallamos en problemas. ¿Había desobedecido Moshé? ¡Por supuesto que no! Entonces… ¿por qué las cosas parecían ir mal? 

“Mis caminos no son vuestros caminos” dice Yehováh. Por eso muchas veces la obediencia no es una garantía de una vida llana y plena de felicidad y de éxito; muchas veces la obediencia ¡traerá “más problemas” en vez de resolverlos! Pero no por eso debemos desobedecer; el camino es acudir a nuestro Padre, quien siempre nos dará su guía y su respuesta.

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