Codornices

Números 11:1-35 | Kemitonením

Parashá Anual – Números 11:1 – 35

Nombre de la Parashá: Kemitonemím | Quejarse

Lecturas Complementarias: Jueces 6:7-16 | Mateo 6:25-30

Esquema de maldición

Pero aconteció que el pueblo comenzó a murmurar amargamente a oídos de Yehováh. Y Yehováh lo oyó y se encendió su ira, de manera que el fuego de Yehováh ardió contra ellos, y consumió un extremo del campamento.
Números 11:1

Nuestra naturaleza humana no ha “evolucionado” en este aspecto. Basta que nos encontremos en dificultades para que empecemos a quejarnos o a murmurar amargamente. Es fácil juzgar a nuestros padres cuando andaban por el desierto camino a la Tierra Prometida; pero seguramente nosotros hubiéramos actuado de igual forma.

Ante esta situación emerge una pregunta: ¿Entonces no es correcto reclamar o presentar una queja? Tengamos en cuenta que este reclamo se describe como murmuración amarga, lo cual significa que la actitud del pueblo era totalmente errada. Cuando se habla de murmurar, es porque no se está acudiendo a la persona indicada, sino que soterradamente se hacen comentarios que socavan la confianza en el liderazgo de Yehováh; adicionalmente, tales palabras eran amargas; lo cual indica ingratitud y desprecio.

La respuesta de Yehováh fue un fuego que destruyó a algunos en un extremo del campamento; posiblemente donde se originó tal situación. El lugar, identificado como Tabirá, es una palabra que en hebreo suena como: arder, quemar, porque Yehováh consumió una parte del campamento.

La murmuración conduce a la rebelión, y esta a la violencia que termina causando muertes innecesarias. A veces no es la muerte física, pero sí la muerte de relaciones familiares o interpersonales. Entonces ¿cómo hacer uso adecuado de la facultad que nos ha provisto nuestro Padre, para detectar falencias, errores o deficiencias? Veamos.

Para responder a nuestra pregunta, es necesario aclarar que presentar una queja o un reclamo es lícito y puede y debe hacerse siempre que tengamos en cuenta estos aspectos clave:

  1. La actitud apropiada, lo cual significa que no solo las palabras que utilicemos, sino la manera en que las expresemos, mostrarán respeto a la autoridad y nos permitirán ser claros en nuestras demandas para no dar lugar a malentendidos. 
  2. Entonces debemos acudir a la persona indicada. Si el pueblo hubiera conversado con Moshé diciéndole algo como: “Moshé, echamos de menos la carne y nos gustaría comer algo de ella, sería posible que conversaras con Elohim al respecto”, seguramente las cosas hubieran sido diferentes. Pero en lugar de esto, comenzaron a esparcir críticas y quejas que contaminaron al pueblo.
  3. E igualmente importante, es el uso de las palabras apropiadas. De nada sirve ir mansamente con palabras de desprecio, de crítica y desaprobación. Cuando sea necesario presentar un reclamo, pensemos bien antes de hablar; preparemos las palabras adecuadas y no hablemos de más.

En este libro de Números vamos a encontrar múltiples narraciones concernientes a la crítica, el descontento, la queja, el cinismo y la lucha por el poder entre otras cosas; y veremos vez tras vez, que nada desaprueba Yehováh, tanto como una actitud negativa. Cuidemos pues nuestros corazones de este mal.

Engañosa Nostalgia

¡Cómo nos acordamos del pescado que en Mitsrayim (Egipto) comíamos de balde, de los pepinos, de los melones, de los puerros, de las cebollas y los ajos! Pero ahora nuestra alma se reseca, pues nada ven nuestros ojos sino este Maná. Números 11:5-6

El pasaje nos dice en el verso 4, que la chusma o el populacho, concibió una gran gula, y tal clamor se contagió a todo el pueblo. ¿Se les olvidó que nada había sido gratis, o de balde, en Mitsrayim? Como esclavos tenían que rendir bajo el látigo de sus opresores y apenas les quedaban fuerzas para comer; no tenían descanso y tampoco su dieta era exótica y variada. Pero la memoria siempre nos hace esos juegos; usualmente recordamos solo lo mejor y dejamos de la lado las cosas difíciles.

Esta queja lleva implícito el desprecio por el milagro del manáh, que era la provisión diaria de Yehováh para su pueblo y que seguramente tenía todo lo que les era necesario para subsistir. Sí; era cierto que ya llevaban un año consumiéndolo, pero necesitaban aprender que la comida no es lo más importante en la vida.

Hoy aún nos sucede igual que a ellos: Cuando experimentamos un cambio en nuestras vidas, estamos expectantes y excitados por la novedad de las cosas diferentes. Pero al pasar el tiempo, nos acostumbramos a lo nuevo y comenzamos a desear lo viejo. De ahí la frase popular: Todo tiempo pasado fue mejor. Sin embargo, no debemos olvidar que donde hay vida, hay movimiento, hay cambios y hay desafíos que nos harán crecer y sacar lo mejor, y a veces lo peor, que hay dentro de nosotros.

La queja de Moshé

Entonces dijo Moshé a Yehováh: ¿Por qué maltratas a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia ante tus ojos, para que hayas echado la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Acaso concebí yo a todo este pueblo o lo engendré, para que me digas: “Cárgalo en tu pecho, como una nodriza lleva al que mama, a la tierra que prometiste con juramento a sus padres”? ¿De dónde tengo yo carne para todo este pueblo? pues lloran ante mí, diciendo: ¡Danos carne que comer! No puedo yo solo soportar todo este pueblo, pues es demasiado pesado para mí. Si así has de tratarme, mátame del todo si he hallado gracia ante tus ojos, te ruego, para que no vea yo más tu mal. Números 11:11-15

Este es un excelente ejemplo de cómo manejar una queja: Moshé habló con Yehováh, y no murmuró con otros. Abrió su corazón sin reserva manteniendo una actitud de respeto hacia su Elohim, y utilizó las palabras apropiadas.

Todos los que estamos en alguna aposición de autoridad, ya sea como padres o como líderes o como jefes de algo, experimentaremos en algún momento la frustración por el descontento de quienes están bajo nuestro cuidado. Tales personas no siempre están satisfechas; siempre exigen más, critican nuestras decisiones, y lamentablemente no siempre con una buena actitud. También Moshé lidió con esto y Yehováh le proveyó una solución que hasta el presente sigue vigente:

La creación del Sanhedrin

Y Yehováh dijo a Moshé: Reúneme a setenta varones de los ancianos de Israel, que tú conozcas como ancianos del pueblo, y a sus oficiales, y llévalos a la entrada del Tabernáculo de Reunión, y que permanezcan allí contigo. Y Yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del Ruaj (Espíritu) que está sobre ti y lo pondré sobre ellos, para que soporten contigo la carga del pueblo y no la lleves tú solo. Números 11:16-17

Esta organización reemplazó aquella que le había sido sugerida a Moshé por Yitro su suegro en Éxodo 18. De esta manera, la autoridad estaría descansando en un grupo y no en un solo individuo. Este grupo de varones fue investido con el Ruaj (Espíritu) de Yehováh y ellos serían los responsables de interpretar y aplicar la Toráh entregada al pueblo. De hecho cuando había alguna disputa que no se podía resolver por los líderes locales, el asunto debía ser escalado hasta llegar al Sanhedrin, que habría de tomar una decisión final, la cual no podía ser ni cuestionada, ni descuidada. Tendría que aplicarse tal como fue declarada. Ver Deuteronomio 17:8-11

Recordemos las palabras de Yeshúa, porque dentro del Judaísmo Mesiánico se insiste en que los rabinos actuales, los sabios y los escritos talmúdicos que abarcan las legislaciones hechas por todos estos en el pasado, están a la misma altura de la Toráh y en algunos casos por encima de ella, cosa que no es así:

Entonces Yeshúa habló a las multitudes y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moshé se sientan los escribas y los fariseos. Haced y guardad pues todo cuanto él (Moshé) os dice; pero no hagáis conforme a las obras de ellos, porque dicen y no hacen; Mateo 23:1-2

El Sanhedrin, no estaba para crear nuevas leyes y estatutos; fue creado para interpretar la Toráh. Pero con el tiempo sus integrantes se arrogaron la autoridad de modificarla, añadiendo y quitando estatutos a su conveniencia, contradiciendo lo dicho por Moshé en Deuteronomio 4:2:

Nada añadiréis a la palabra que yo os mando ni de ella quitaréis, para que guardéis los mandamientos de Yehováh vuestro Elohim que yo os ordeno.

¿Es bendición la abundancia?

Y dirás al pueblo: Santificaos para mañana, pues comeréis carne, ya que habéis llorado a oídos de Yehováh, diciendo: ¡Quién nos diera comer carne!, pues nos iba mejor en Mitsrayim. Yehováh, pues, os dará carne, y comeréis.
No comeréis sólo un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las narices y os provoque náuseas, por cuanto despreciasteis a Yehováh, que está en medio vosotros, y llorasteis delante de Él diciendo: ¿Por qué salimos de Mitsrayim? Números 11:18-20

Un detalle que nos debe llamar la atención es el mandamiento de santificarse para comer carne, en el verso 18, porque nos hace pensar que el consumo de un animal no debiera considerarse como algo irrelevante; después de todo se trata de quitar la vida a un ser creado por Yehováh para satisfacer nuestro apetito. Tengamos en cuenta que el manah era todo suficiente y que el consumo de carne no era una necesidad nutricional, sino un mero capricho del pueblo, lo que es evidente por las actitudes y consecuencias que desencadenó tal deseo.

En Éxodo 16 ya el pueblo había tenido la experiencia de recibir una provisión de codornices y al día siguiente comenzó a colectar el manah. Ahora, un año después, el pueblo tiene la expectación de otro milagro. En efecto Yehováh les envió tal cantidad de codornices que cubrió los alrededores del campamento en una extensión de un día de camino (10-15 kms?) y en un espesor de ¡casi un metro! Una vez más estamos aquí ante una descripción que se sale de los límites de la imaginación, pero dejo este aspecto a la reflexión de cada uno.

La abundancia no siempre es señal de bendición, pues la avaricia y la codicia generalmente la acompañan. Todo exceso, aun de las cosas buenas, termina siendo una maldición; “comerán hasta que les salga por las narices y les produzca náuseas“, nos dice que el pueblo finalmente se hastió y debió aprender que los apetitos y los deseos de los sentidos, no son para nada provechosos. Recordemos la parábola de Yeshúa a este respecto en Lucas 12:16-21

Un Pentecostés temprano

Yehováh descendió en la nube y le habló. Luego tomó del Ruaj (Espíritu) que había sobre él y lo puso sobre los setenta ancianos, y en cuanto el Ruaj descansó sobre ellos profetizaron, pero después no volvieron a hacerlo. Números 11:25

¿No nos recuerda esto lo que sucedió en Shavuot en tiempos de Yeshúa? Yehováh tomó del Ruaj que había sobre Moshé y lo puso sobre los setenta varones del Sanhedrin. Esto nos enseña que un servicio agradable para Yehováh, inicia por la investidura de su Ruaj, porque las obras de la carne no satisfacen las demandas de la justicia divina.

Y sí; hubo manifestaciones del Ruaj haciendo que profetizaran los varones, incluso aquellos que habían sido renuentes a participar en la convocación, pero que habían sido seleccionados por Moshé. ¿Por qué no se presentaron? No lo sabemos. Quizás formaban parte de aquellos que estaban descontentos.

Lo cierto es que podemos observar que el Ruaj de Yehováh siempre ha estado en acción dondequiera que se requiere una acción significativa para representarlo; las obras de la carne son carnales; las obras del espíritu son espirituales.

Gula mortal

El capítulo concluye mostrándonos que el pueblo mantuvo una actitud errada aun mientras consumían la carne provista. La consumieron de tal manera que provocaron la ira de Yehováh, quien golpeó al pueblo con la muerte y terminaron sepultando a los glotones en Kibrot-hatava que significa: Sepulcro de los deseos.

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