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Devarim 8:1-20 | Tishmerún

Parashá Trienal

Devarim (Deuteronomio) 8:1-20

Nombre de la Parashá: Tishmerún – Observarán

Lecturas Complementarias: Jeremías 9:22-24 | Lucas 4:1-14

Todo en nuestra vida, tiene un propósito

Cuidaréis de cumplir todo el mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis y os multipliquéis, y entréis a poseer la tierra que Yehováh prometió con juramento a vuestros padres. Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Yehováh tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para humillarte y probarte, para saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos. Devarim 8:1–2

Luego de leer estos versos atentamente, podemos entender con facilidad que el propósito de cumplir los mandamientos es que podamos crecer integralmente, es decir en todos los aspectos de nuestras vidas. Mantengamos presente que nuestra obediencia, no beneficia a nuestro Padre, sino a nosotros.

Yehováh nos revela aquí, que las pruebas por las que pasaron nuestros padres no fueron accidentales, sino que tenían un propósito: probar sus corazones; no para que Él supiera qué había en ellos; Él lo sabía de antemano; pero no nuestros padres. Entonces muchas de las pruebas de la vida, tienen que ver con ayudarnos a descubrir lo que hay en nuestro corazón , para que no tengamos más alto concepto de sí que el que debemos tener.

¿Habría israelitas pensando que eran ellos mejores que los egipcios? ¿que tenían bien merecido su castigo y ellos en cambio, sus bendiciones? ¿que Yehováh tenía una obligación son ellos? Es probable; por eso era necesario enfrentarlos con su propia realidad: rebeldía, incredulidad, murmuración, grosería, etc., así que después de sacar a luz todas esas verdades, la congregación de nuestro padres debía ser más humilde y obediente.

Y como los patrones de Yehováh se repiten, no te asombres de situaciones por las que Él nos conduce, porque seguramente tienen propósitos similares: descubrir quienes somos realmente, para nuestro propio conocimiento. 

Reconoce pues en tu corazón, que como un hombre corrige a su hijo, así te ha corregido Yehováh tu Dios, para que guardes los mandamientos de Yehováh tu Dios, andando en sus caminos y temiéndole a Él.” Devarim 8:5–6

Moshé introduce aquí un concepto que seguramente fue nuevo para muchos: Yehováh es como un padre y nos trata como hijos. ¡Es una perspectiva totalmente diferente! Los pueblos tenían ‘elohim o dioses, a los que temían y tenían que mantenerse ofreciéndoles sacrificios, so pena de recibir castigos; pero Yehováh es diferente: es como un papá. No solo porque nos corrigió durante nuestro tiempo en el desierto, sino porque proveyó oportuna y generosamente TODO lo que fue necesario; no solo el alimento y el agua, sino también ¡el vestido y el calzado! Eso es lo que hace un padre de familia: provee, pero también corrige, guía, instruye, modela, protege y está pendiente de las necesidades se los suyos.

Entonces ante tales demostraciones de amor, ¿cuál debe ser nuestra respuesta? guardar sus mandamientos y andar en sus caminos…

Como si la fidelidad de nuestro Padre no habiera sido suficiente durane los 40 años en el desierto, Yehováh también le informa de las grandes riquezas que hay en la tierra que les espera:

Porque Yehováh tu Dios te conduce a una tierra excelente, tierra de arroyos de aguas, de fuentes y manantiales, que brotan en la planicie y en la montaña. Tierra de trigo y de cebada, de vides, de higueras y granados, tierra de aceite, de olivas y de miel. Tierra en la cual no comerás el pan con escasez ni en ella te faltará nada. Tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes extraerás el cobre. Y siempre que comas y te sacies bendecirás a Yehováh tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.” Devarim 8:7–10

En otras palabras nos informó por adelantado lo que nos esperaba, a manera de aumentar la fidelidad y la gratitud. ¿Cómo no habríamos de estar expectantes, agradecidos y felices?

El enorme peligro de lograr la prosperidad

Cuídate, no sea que te olvides de Yehováh tu Dios, y dejes de observar sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy.” Devarim 8:11

Pero observemos que Yehováh no nos advirtió que ¡tuviéramos cuidado de los enemigos! sino de nosotros mismos. Y esto, porque no hay mayor peligro que ese: nuestro ego, nuestra indiferencia, nuestra ingratitud…

Cuídate de que tu corazón se enaltezca y te olvides deYehováh tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, (vs. 14). Sí. Tristemente, ante la prosperidad, la abundancia y el poder que estas generan, nuestro corazón se enaltece, se crece, se hace arrogante, y se siente que «puede poner un trono al lado del de Yehováh para decidir no solo sobre su propia vida, sino también sobre la de otros. Abre los ojos y mira alrededor tuyo para que observes a los líderes actuales, tanto de la política, como de los medios de comunicación, a los dueños de las redes sociales, artistas, deportistas y demás. ¿Acaso que han logrado que no haya sido porque usaron los talentos que les fueron dados por Yehováh?

Cincelemos en nuestros corazones los testimonios de lo que ha hecho Yehováh  por nosotros, «tatuémoslos» en nuestra mente para tenerlos siempre presentes, no sea que terminemos diciendo en nuestro corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me ha procurado esta riqueza. (vs. 17).

Moshé hace la clara advertencia de lo que sucederá como resultado de dejarnos arrastrar por los sentimientos engañosos del corazón perverso que tenemos:

Pero sucederá que si te olvidas completamente de Yehováh tu Dios, y andas en pos de dioses ajenos, y les sirves, y te postras ante ellos, hoy os advierto solemnemente que habréis de perecer irremisiblemente. Así como Yehováh va aniquilando naciones delante de vosotros, así pereceréis vosotros también, en pago por no haber obedecido a la voz de Yehováh vuestro Dios.” Devarim 8:19–20

¿Es lícito que Yehováh haga estas «amenazas»? En primer lugar no son amenazas; son advertencias de lo que puede llegar a suceder cuando rompemos el pacto que hemos hecho con Él; porque tales desgracias serán el resultado de las decisiones propias y no de la acción caprichosa de Yehováh que un día puede «levantarse de mala gana» y decidir acabar con su pueblo. ¡No! Somos nosotros quienes nos labramos nuestro propio destino y nadie más. 

Lamentablemente así actuamos cuando entramos a la tierra y como resultado fuimos expulsado de ella en cumplimiento exacto de esto que se nos advirtió ese día. Ahora, en el presente, esperamos por el cumplimiento de la promesa de Yehováh de recogernos y llevarnos de vuelta a nuestra tierra; pero… ¿seremos capaces de permanecer fieles al pacto que tenemos con Él y de ser obedientes a Sus mandamientos?

Esa respuesta solo cada uno la conoce.

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